Dispersión, el gran enemigo del éxito

Resulta curioso comprobar cómo en la mayoría de las ocasiones tratamos de resolver un problema con aquello mismo que lo provoca.

Ante la avalancha de correos electrónicos,  mensajes, reuniones, compromisos, extensas listas de tareas y general búsqueda de la perfección, ¿qué deseamos? Tener el poder de dividirnos para poder solucionar todos los asuntos apremiantes que pueblan nuestra vida profesional y personal.

Seguimos empeñándonos en que es una cuestión de más esfuerzo, de más concentración, de más tiempo dedicado a concluir todas esas tareas, pero esto no hace más que hacernos cosechar resultados mediocres, plazos incumplidos, menos dinero, frustración, ira y una sensación general de falta de control ante las circunstancias.

Como decía George Anders, “Es todo un arte ordenar el desbarajuste y centrarse en los más importante. Sólo exige tener el valor de adoptar un enfoque distinto”.

El nuevo enfoque en este caso pasa indefectiblemente por cambiar el objeto de nuestra atención de lo externo y circunstancial a lo interno, tomando conciencia de nuestras fortalezas y dificultades.

Una buena forma de empezar es aprender a pararse y contactar con nuestro estado y funcionamiento interior a través de diferentes técnicas de relajación y focalización, y Mindfulness es un buen ejemplo de ello.

Mindfulness o atención plena, nos permite aprender a relacionarnos de forma directa con aquello que está ocurriendo en nuestra vida, aquí y ahora, en el momento presente. Esto se hace posible a medida que entrenamos la focalización de la atención en nuestra propia respiración, acallando así el parloteo estéril de nuestra mente centrada en preocupaciones pasadas o futuras.

La práctica de esta técnica disminuye drásticamente la tan dañina dispersión de atención y energía, es decir, consigue que vayamos abandonando poco a poco nuestras distracciones internas y externas, el cansancio y el estrés que nos aleja de nuestros objetivos profesionales y, lo que es peor, nuestro bienestar personal.

¿A qué esperamos?

Imagen: Freepik.

Autora: Fani Ramos.