¿Dónde estamos? ¿A dónde vamos?

La capacidad de una empresa para competir dependerá en parte de conocer cuáles son sus recursos y capacidades, sus puntos fuertes y débiles, y por supuesto su entorno, el más cercano y sectorial, y el general y las tendencias sociales y de mercado. Pero no bastará con saber dónde estamos, sino que también se deberá trazar un plan que ayude a preparar la organización en la elección de adónde quiere ir.

Si damos por cierto lo expuesto en el párrafo anterior, ¿por qué suele ser tan raro ver una pyme desarrollando un proceso de planificación estratégica? Quizás la respuesta esté en que las operaciones del negocio consumen todas las horas del día, y algunas más, no hallándose el momento para ese trabajo de planificación estratégica que requiere ‘pararse’ un momento y realizar un análisis reflexivo y profundo de la realidad para identificar alternativas, fijarse objetivos, diseñar planes de acción, calcular costes y estimar ingresos.

Sin embargo, dada la complejidad cada vez mayor del entorno, parece necesario que las pymes tengan un método formal de planificación estratégica, que establezcan prácticas de análisis de las situaciones externas e internas y una sistemática que facilite la elección del futuro. Las incertidumbres que acechan a las pymes son mayores que las que afrontan las grandes empresas, y estas sí planifican, por lo que no parece descabellado dedicar tiempo a analizar e investigar la situación actual, hacia dónde quieren ir y qué necesitan para lograrlo.

Pero la clave de la planificación estratégica nunca puede ser tener un documento, lo esencial es su implantación y el posterior seguimiento de los resultados. La implantación debe fundamentarse en los procesos de negocio, la estructura y organización. Y para el seguimiento es necesario fijar objetivos, elegir indicadores y evaluar los resultados.

¿Se eliminarán los riesgos con la planificación estratégica? Evidentemente no, estos van intrínsecos a la labor empresarial, pero si permitirá que las decisiones se tomen basadas en hechos y no sólo en intuiciones. Ahora bien, la planificación estratégica no debe sustituir totalmente la intuición de los empresarios. La forma en que se abordan los acontecimientos casuales, los desaciertos y errores puede resultar crucial para conseguir el éxito. Se debe caminar sobre dos pies, uno formal y otro espontáneo, ya que ser estrictamente formal ralentiza el aprendizaje y el avance; y si es estrictamente espontáneo impide el control.

En conclusión, la planificación estratégica es muy importante para fijar objetivos y metas reales y viables, organizar, dirigir y controlar la empresa, para elegir adónde vamos. Como decía Séneca, “ningún viento es favorable para quien no sabe dónde va”.

Imagen: Stockvault.

Autor: Antonio Guerrero. Fundador de AG Consultores de Dirección. Consultor estratégico en Hiágora.