Liderazgo de alto rendimiento: [gestión de equipos] para obtener resultados

La gestión de equipos dentro de una organización es un área fundamental para alcanzar los objetivos de la empresa. 

El líder es la persona encargada de guiar a ese equipo para que los objetivos se cumplan, mientras cada miembro alcanza a su vez sus objetivos profesionales y personales.

Pero liderar no es suficiente.

Gestionar un equipo para obtener grandes resultados significa trabajar bajo los mismos principios y valores, uniendo fuerzas y remando en la misma dirección. Y eso solo puede conseguirse con un liderazgo de alto rendimiento.

En Hiágora llevamos 13 años trabajando con empresarios y profesionales para ayudarles a llevar a cabo una buena gestión de equipos de ventas.

Hoy queremos compartir parte de esa experiencia contándote las 3+1 claves del liderazgo de alto rendimiento.

¿Qué es el liderazgo de alto rendimiento?

El liderazgo de alto rendimiento es aquel que está centrado en la gestión de equipos de alto desempeño.

Estos equipos están formados por profesionales que están totalmente comprometidos con trabajar para obtener resultados óptimos en su organización.

Por tanto, algunos de los valores que fomenta un líder de alto rendimiento son el compromiso, la motivación, la justicia o el trabajo en equipo.

Construir un equipo como este depende fundamentalmente de dos factores: la elección de los perfiles y el liderazgo de alto rendimiento.

En este artículo nos centraremos en el segundo punto.

Las 3+1 claves para implementar el liderazgo de alto rendimiento en una organización

Liderar equipos es una tarea sencilla pero compleja a la vez.

Es posible que una organización funcione por la inercia, el buen hacer y la experiencia de los trabajadores. Sin embargo, no será un equipo orientado a resultados, lo cual a largo plazo hará perder rentabilidad a la empresa.

Por otro lado, un personal motivado trabaja más feliz y se compromete con los objetivos.

El liderazgo de alto rendimiento consigue ese equilibrio entre los resultados de la empresa y el bienestar de los trabajadores.

Aquí te contamos las 3+1 claves para implementarlo y hacer que funcione.

Clave 0: Desaprender primero para construir después

Esta es la clave número 0 por un motivo muy claro.

Querer aplicar un liderazgo de alto rendimiento en una empresa con vicios y errores continuados solo nos llevará a la frustración.

Antes de empezar, el paso cero es ir derribando todos esos vicios adquiridos para dejar espacio a las nuevas acciones.

De esta forma iremos creando un equipo con nexos de unión entre los integrantes, donde todos sabrán desde el principio qué se espera de ellos.


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Clave 1: Adaptarse al cambio 

El cambio es uno de los factores con los que convive un equipo de alto desempeño.

Hace años, los cambios eran ocasionales. Hoy son constantes.

Cada día aparecen nuevas tecnologías, métodos, redes sociales y herramientas. Un líder de alto rendimiento debe estar abierto a la innovación, el conocimiento y el aprendizaje de nuevas técnicas.

Recuerda que eres un actor más dentro del juego y has de asumir tu papel.

Pero los cambios no suceden solamente fuera.

Las personas estamos en constante movimiento y eso quiere decir que dentro del equipo siempre están pasando cosas.

Mantenerte enfocado desde el primer momento te ayudará a saber reaccionar a los cambios con tiempo y mantener el rumbo del equipo.

En definitiva, para convertirte en un líder de alto rendimiento has de tener la voluntad para aprender, cuestionar el comportamiento propio y estar preparado para ser juzgado por el equipo.

Clave 2: Comunicar de forma responsable

Una característica fundamental de un líder de alto rendimiento son las habilidades comunicativas.

La gestión de equipos requiere que se generen lazos de unión y un clima de confianza que solo puede darse con una buena comunicación.

Las palabras que utilizamos dejan una huella en las personas que las reciben.

Por eso, debemos medir muy bien qué decimos y cómo lo decimos para transmitir claridad y evitar malentendidos.

Aquí te damos algunos ejemplos:

  • Mantener una actitud positiva y utilizar la palabra «sí» porque genera una predisposición a aprender. Se parte de la premisa de que se van a buscar soluciones y no culpables.

  • Evitar expresiones como «¿me estás entendiendo?» que hacen que la responsabilidad recaiga sobre el receptor. En su lugar puedes decir «¿me estoy explicando?» para asumir la responsabilidad y que la persona se sienta más cómoda y receptiva.

  • Actuar guiado por la justicia en el caso de que un miembro del equipo se salga de las directrices. Es esencial que todo el equipo comprenda que la empresa actúa bajo un orden de coherencia.

  • No se trata de reprender en público, sino de señalar que dicho integrante ha sobrepasado el orden y, en consecuencia, está faltando al respeto a los demás compañeros que sí realizan su actividad de forma adecuada.

  • Reconocer los logros y poner el foco en las fortalezas de cada integrante. Esas son las que un líder debe potenciar para que el equipo se mantenga contento y motivado.

Clave 3: Aportar aprendizaje para enriquecer a tu equipo

Para lograr el crecimiento de una empresa es fundamental que el equipo cuente con formación constante.

Es responsabilidad del líder decidir qué áreas de aprendizaje son más importantes en cada momento y poner a disposición la formación correspondiente.

Formarse no es solo enriquecerse de conocimientos, también es una manera de crear experiencias en equipo que hagan que la unión se fortalezca.

Esto se puede lograr a través de varios formatos: artículos, libros, centros de formación especializados, conferencias o incluso viajes.

Lo más importante es que el equipo tenga esa curiosidad, esa inquietud por el aprendizaje y el crecimiento y que la empresa pueda satisfacerla con éxito.

¿Qué necesitas para aplicar las 3+1 claves del liderazgo de alto rendimiento?

Hoy hemos compartido contigo las claves necesarias para la gestión de equipos desde un liderazgo de alto rendimiento.

Crear equipos que trabajen bajo esta filosofía desde cero no es fácil, pero a largo plazo es una garantía de que los objetivos se alcanzarán con resultados exitosos.

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